domingo, 25 de abril de 2010

iNdigesta - Antonio MC

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Encuentro con Indigesta de Siracusa Bravo Guerrero, por Antonio MC

'Indigesta'. Escrito por Siracusa Bravo Guerrero. Llegó hasta mi por casualidad, una noche cualquiera a la salida de un bar. Por casualidad es la mejor forma en que puede llegarte un libro (y casi todas las cosas de la vida). También por casualidad lo llevé en la mochila casi todo el día y, finalmente, acabé leyéndolo en un autobús urbano. Quizás no fuese el lugar más adecuado, y no sé si al escribirlo Siracusa pensó que alguien acabaría leyéndolo en un autobús. A mi, en cambio, me pareció que la abandonada cotidianeidad de un trayecto en autobús urbano era marco perfecto para la crudeza de los versos.

Al principio no pude decidir si me había gustado o no, porque no lo sabía. Sólo sé que ese trayecto en autobús fue diferente. Y ahora... bueno, aún no lo he decidido. 'Indigesta' está demasiado al filo, parece tierno, pero es descarnado, parece cálido, pero es duro, parece fácil, pero nada fue nunca tan difícil... Perdón, creía que hablábamos de la vida, no de sólo un libro.

Alguien que conozco me dijo que si te llamas Siracusa estás condenada a ser poeta. Yo digo que si no fuese poeta no habría conocido a nadie llamado Siracusa.

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viernes, 2 de abril de 2010

iNdigesta - Jorge Brunete

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Encuentro con Indigesta de Siracusa Bravo Guerrero, por Jorge Brunete

¡Miedo! Echémonos a temblar al abrir Indigesta y leer sus poemas. Vale, tal vez decir miedo es exagerar: el libro esconde buenas dosis de ternura, pero si hay algo que no falta en absoluto es fuerza, contundencia y ¡plas! Una patada en la boca detrás de otra. Por eso no hay que tomarse a la ligera los versos de Siracusa. Y ¿Por qué digo miedo? Todo aquello que nos provoca temor es lo que desconocemos, lo que nos inquieta y no nos deja indiferentes, porque queremos comprenderlo pero no podemos hacerlo por completo. Eso es lo que me pasa con Indigesta, el mensaje esencial de cada poema queda claro pero siempre deja un no se qué a la incertidumbre, una herida abierta y sin anestesia.

Indigesta es uno de esos libros que cada vez que dejo a alguien, tengo que matar por conseguir recuperar, parece adictivo. Y yo siempre comento: “pues tendrías que ver cuando los recita Siracusa”... porque no se puede hablar de Indigesta sin hablar de Siracusa Bravo Guerrero, ella es sus versos, cada poema es Siracusa. De echo, cada vez que releo los poemas del libro... me sabe a poco, falta la esencia de la poeta, su dulce rotundidad... y entonces recuerdo mi primer encuentro con Indigesta, en El Dorado, en Valencia.

Yo ya me he comido los entrantes, los dos platos y el postre y me he quedado con hambre. Parece como si a Siracusa aun le quedasen muchas cosas por decir, tal vez con otros sabores y otras texturas, pero no creo que esta poeta vaya a estarse callada, para nada.

Bueno, lo ya dicho, si alguien piensa leer las páginas de Indigesta que se ande con ojo, yo ya lo he avisado: ¡Miedo! Y Siracusa ya lo advierte:

No tengo miedo.
Hace tiempo que lo transformé.
Lo que todavía no se
si fue en valor o en valentía.

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http://trincherapoetica.blogspot.com/

martes, 23 de marzo de 2010

iNdigesta - Lola Crespo

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Reseña de Indigesta de Siracusa Bravo Guerrero, por Lola Crespo

“¿Y si al mirarme
te lluevo?”

A la mujer volcán, un día, le dio por eructar poemas tras aquellas (In)digestiones rojas. A ella, que también era mujer alcantarilla, algunas veces le gustaba llenar de flores tu espalda, convirtiéndola en celosía, tal vez para confirmar así que era la excepción a todas tus reglas. Ella sabía de aquella ENORME obstinación del ¿viento? por despeinar la tarde, o del desorden de las mareas, por ejemplo.

A la mujer de las palabras desparramadas resultó que, un día, se le quebraron todas las sílabas. Se le cortaban en dos, decía; como alien – to . Sus pie – zas venían a ser al-go así como bi-lis enmudecida, como el ahogo de saberse señalada por el de-do; su dedo (de él, su, consigo, contigo, sin+ti). Y mi-ra que, a la par, ella era ca-paz de torcer

los versos cuando quería. Ella que sobrevivía entre papeles y tintas; ella que dejaba perdidos los sentidos por sitios desmemoriados, siempre junto a un sobre sin carta.

A esta mujer, plato frío a medio día, se le puso la mirada carnívora y entonces, entre devaneos, se le escurrieron un par de verbos conjugados entr

e interrogaciones amigas del silencio, que todo lo engulle (como las cabinas de teléfonos para las que no tienes ya monedas y no aceptan lágrimas).

A esta mujer -digo-, un día se le ocurrió que tal vez, la venganza, servida fría, muy fría, se podía parecer más a un poemario lleno de “palabras lo suficientemente afiliadas / como para arañarte la espalda/ y dejártela marcada / para siempre”, que a un grito de gritos en las naúseas del aire.

“En fin que, boquita de mazapán tu puta madre”.
(Por si acaso)

Querida Indigesta: Baila, maldita.
Creo que sabes que si me necesitas, pisaremos adoquines de rima libre juntas.

Lola Crespo

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La Madeja de las Palabras y de las Cosas

Lola Crespo en Las Afinidades Electivas


iNdigesta - Eduardo Chivite

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Reseña de Indigesta de Siracusa Bravo Guerrero, por Eduardo Chivite

Cangrejo Pistolero Ediciones saca nueva colección, los “Cuadernos caníbales”, y hoy, 14 de Octubre de 2009 en el centro cívico La Casa de las Sirenas en la Alameda de Sevilla, se presentaba oficialmente. ¡Ah!, y mañana, en el Perro Andaluz a las 22:00 horas (vamos, hoy, porque ya es de madrugada). El primer “cuaderno”, que de cuaderno tiene el nombre solamente (¿cómo se las gasta Nuria y Antonio en esto de editar?), es el Nº 0. Siracusa saca así su primer libro, detrás: años, lecturas, intentos, poemarios, antologías, recitales. Uno de esos poetas que saben desde el principio que para esto de escribir hay que empezar por aprender, de esos poetas que se esfuerzan por escribir un buen primer libro, y de esos que saben que un primer libro no deja de ser pese a todo, eso: lo primero que uno hace. La verdad, ahora, y espero que cuando lea esto no le dé un “yuyu”, empieza, porque eso, eso también lo tienen los primeros libros.

Confieso abiertamente, sí, no me queda remedio, que Siracusa es mi amiga, y algunos de ustedes pensaran que ¡vaya!, ¡claro, así seguro que la pone bien!. No la conocen ustedes, ¿verdad? Ufff… la que me espera si detecta la más mínima dulcificación en la crítica, o un punto de vista así como pasado por alto, o… no saben de verdad, el lío en que me estoy metiendo, porque si algo tienen los verdaderos amigos nuevos poetas es ganas de que sus verdaderos amigos menos nuevos poetas le digamos la verdad, pese a quien pese. Así, que empiezo por lo malo: NO ES UN LIBRO INCREÍBLE. Pero hay cosas que me gustan, algunas mucho; otras me sorprende en un primer libro… ya, ya sé que he dicho eso antes, pero a veces cuando se hacen reseñas, o cuando leemos, o cuando las cosas de la literatura tienen tanto eco como Las Noches del Cangrejo, se las juzga y se espera de ello más, mucho más, muchísimo más… y eso, señores míos, es injusto, mezquino, e impropio de la objetividad a la que me veo obligado. Ya me gustaría decir lo que mi corazón siente cuando leo este libro. No voy a decirlo.

El poemario se estructura como si fuese un menú o una comida: entrantes, primer plato, segundo plato y postres. Tranquilos, que no voy a hacer un comentario de texto en alas de la objetividad. Esto de los poemarios con hilo conductor para las reseñas es cojonudo, se pone uno en la mentalidad “esqueleto de la trama”, y ya del tirón. Flaco favor, para un libro como este. Pero no deja de llamar mi atención, porque normalmente los poetas primerizos escriben un primer poemario de poemas sueltos, donde no hay una
intención clara de libro o una conciencia clara de su “yo-escritor”, que es como el sarampión, también se pasa. Y será cosa de la deformación, o de que estos perfopoetas son más clásicos de lo que se imaginan. Pero el poemario empieza con una cita de Leopoldo María Panero que responde plenamente al poema-prólogo al libro o al lector a la manera de Marcial, como si de una salutación propiamente se tratara. El primer poema dialoga claramente con la cita, y en el primer verso del libro “Y estas ganas de llorar que ahogo”, me trae a la memoria la retórica petrarquista de las lágrimas: a Garcilaso de la Vega “Salid lágrimas corriendo”, o a Diego Hurtado de Mendoza “Salid, lágrimas mías, ya cansadas”. El detonante de este llanto (“planto”, “canto”, “plañidera”, ¡lo qué me gusta la ciencia etimológica!) es “todo el amor que me trago / todo el amor que no quieres”. Sí, señor, ¡viva el Petrarquismo! Una comida que se nos indigesta, porque nos comemos mi “amor que no quieres”, ¡coño!, ¿no va sentarnos mal? Y esta vez Garcilaso pasado por Neruda, “cuando no miras te escribo” (¡Sira, quilla, qué pedazo de verso!), que tiene un eco semántico a Salinas, esa “voz a ti debida”. La negación, como una de las cinco fases psicológicas ante la certeza de muerte, “ni oler-te / ni oír-te / ni ver-te”, con el consabido tópico de los cinco sentidos.
Confieso que la poesía femenina a veces me despista, no la comparto, o simplemente no me gusta: lleno de llanto y dolor y sentimiento desgarrado; ese lenguaje de entrañas, que tan insuficiente parece para expresar a veces el daño femenino en este mundo. Dice en un verso: “palabras lo suficientemente afiladas”, ma
s lo intenta, las busca, las inventa; el poemario se endurece, está salpicado de palabras normales, de hoy, de andar por casa, de barrio, que rompe, metamorfea; palabras rodeadas de lecturas, de versos trabajados, y a veces también de necesaria sencillez: “No hay olor de cereza en mí”. Este lenguaje de verdad sí que lo entiendo. Por ejemplo: “para no quererte yo”… o a veces amenaza, “¿Y si al mirarme / te lluevo?”… y otras se esconde, “pero nunca estás para aderezarme”, que no para abrazarme, o sí, o qué se yo, si silencio, si vacío.
Como una cena que sale mal, el segund
o plato es una gradatio de rabia donde la lluvia del principio se vuelve de granizo, de besos de hielo, en vómito, gelifracción, astillas heladas. Aceptación: “ver el miedo en tus ojos”. Superación: “No escribo para ti, ni por ti” (¿quién dijo “voz a ti…” qué?). Y afirma: “seré poeta, / mejor, persona”. Ya lo decía Horacio, para ser mejor poeta hay que ser mejor persona, que no al revés, y sí, ya, ya sé que hay quien piensa que esta máxima es errónea, poco científica, o que la vida demuestra lo contrario… y sé que hay incluso quien cree saber más de esto que el viejo Horacio.

Los postres son como pequeños toques de alegr
ía detrás de lo que del desamor queda, como bailes, juegos a veces performáticos, otros visuales, un grito… Y el último poema es la guinda. Tras del índice, un poema epílogo, y en él uno de esos versos que definen el extraño esfuerzo de escribir: “adiestro dragones en el arte del escu(l)pir”. Porque Siracusa a veces un poco borde escupe versos, que también esculpe, sabedora de que no puede solo vomitar palabras. En la solapa de la contraportada, el después del después, naturaleza obliga, así son la indigestiones… Se vuelve escatológica (transcendental o lo contrario), en un epigrama que, como muchos de los poemas de este libro, me callo; será cosa de aceptar la invitación. Pero a mí me recuerda a Fernando Merlo cuando escribe: “Porque soy poeta / hasta cuando cago, / os doy un poco de mierda / la demás, para mí”. Aún en la contraportada, como si el corazón pinchado en un tenedor —motivo gráfico de la edición— intentase seguir latiendo, un poema-aviso, guiño del editor: “No / se admiten devoluciones”, el/la poeta no tiene “tiempo para enseñarte a leer entre líneas”, ni yo ya tampoco, son las 4:31, y mañana tengo clase (soy el profe).

Eduardo Chivite (el poeta clásico).

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Sharaija murió con trece años, Eduardo Chivite Tortosa. Córdoba, 2008. La Bella Varsovia

Eduardo Chivite en Las Afinidades Electivas


iNdigesta


[ iNdigesta ] - 9788493610876 - Sevilla, 2009. Cangrejo Pistolero Ediciones
Colección Cuadernos Caníbales
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Este libro tiene vida propia, lo que yo os diga, él sigue su camino, viaja, conoce lugares y personas que yo nisiquiera puedo imaginar. Es pequeño pero encierra grandes cosas, quiere darse a conocer y lo consigue! Antes me dejaba llevarlo de la mano, ahora ni eso, apenas nos hablamos. No es que ande perdido, es que yo lo he perdido de vista, Ahora sólo conozco una parte de él. Se ha vuelto independiente, no me necesita, va por su cuenta. Se deja manosear por todos y viene de nuevo a mí esperando que lo comprenda. Yo le quiero, él me quiere, pero no estoy segura de poderlo compartir con TANTOS.

Este blog pretende ser un "diario" de sus aventuras y desventuras
(al menos de las que tengo constancia).

Siracusa Bravo Guerrero (iNdigesta)

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MODE: trastocada

ESCUCHANDO: ROB ZOMBiE - Living dead girl

iMÁGENES: Portada del libro iNdigesta y mi perfil
foto tomada por Laura Rosal